January 30th, 2006

Estoy viva. // I'm alive.

Nada, que no tengo tiempo para escribir largo y tendido como me gustaría, y he desponder mails a mucha gente, así que aprovecho para saludar aquí.

Sólo una cosa, a Yato: me encontré "Vida de una geisha", de Mineko Iwasaki, por cinco lerus en el Hipercor. Joder, ¿quién es el que se atreve a decir que "Memorias de una geisha", de Golden, es más entretenido? El libro de Iwasaki, además de ser más verdadero (aunque a ella la deje muy bien, claro), le da doscientos millones de patadas al de Golden en cuanto a interés, calidad del argumento e incluso capacidad literaria. Lo único que hace Golden es describir kimonos como un descosido. Y francamente, si Iwasaki le contó a Golden la mitad de lo que aparece en su libro, esto demuestra que Golden es imbécil. La vida de Iwasaki es, de muy lejos y con atroz diferencia, infinitamente más interesante que la de la Chiyo-Sayuri que Golden se inventó. Desde luego, el crítico que dijo que "el de Golden es más entretenido, pero el de Iwasaki más verdadero", debería dejar la crítica literaria y dedicarse a limpiar retretes. El libro de Golden NO es más entretenido que el de Iwasaki ni de coña. Y ahora me creo, más que nunca, a Iwasaki cuando dice que Golden miente como un bellaco. Vamos, que Golden mentía se ve desde el principio de las "Memorias", cuando se saca de la manga a una japonesa de ojos grises. Quedará muy mono, pero un japonés con pelo u ojos claros es descaradamente un mestizo, y formaría parte de los apestados de la nación. Eso de primeras. Luego está el mizu-age, que ya sabíamos por Liza Dalby (la antropóloga que fue geisha en los setenta), que existía... Sólo que él lo pone como le dá la gana. E insinuar que Iwasaki pasó por el mizu-age es un insulto como una casa: Iwasaki era la mejor de su tiempo, no necesitaba venderse, y sobre todo, el mizuage desapareció después de la guerra (no, si la constitución que dejaron los yankis tuvo que servir para algo).

Vamos, que desde aquí animo a todo el que se haya leído el libro de Golden, a que agarre el de Iwasaki, "Vida de una geisha, la verdadera historia", no sólo para conocer la verdad, sino para pasar un rato entretenidísimo, porque es un libro que merece la pena. Por ejemplo, una cosa que hizo Golden y que es muy propia de los yankis, es rebajar el estrato social de su protagonista. A los americanos les encanta el Self-made-man, el que nace en las cloacas y llega a lo más alto. Iwasaki es descendiente de nobles, por un lado, y de ricos por otro. Lo que no quita para que se partiera los cuernos trabajando como una mula para ser la mejor. Pero claro, ya no queda tan self-made como haber nacido en el pueblo de pescadores.

En resumen: no importa disfrutar con "Memorias de una geisha" (bueno, sí, que es mala calidad literaria aunque sea muy entretenido, pero como cada vez que critico la calidad de un producto de masas me machacáis, pues ahora me callo, que luego decís que Peter Jackson es buen director y me cabreo); decía, no importa disfrutar con "Memorias de una geisha"... siempre que NO te lo creas. Eso no son las geishas. Eso no es Japón. Esos intentos de ser poético a la japonesa son patéticos. Porque sí, los japoneses hablan con metáforas, y a ellos les queda muy bonito. En un documental sobre los ordenadores y el techno, un japonés soltó: "El sonido del tambor tradicional japonés es como el latido de corazones rotos". Y no se lo pensó ni se estaba haciendo el guay: le salió así porque sí. El problema es que cuando Golden intenta hacer lo mismo, "adoptar a Hatsumomo sería como soltar al tigre de la jaula", queda fatal, suena forzado y fuera de la conversación. Y todavía la del tigre y la jaula es la mejor, que tiene cada caramelada...

Bueno, que me tengo que volver a Córdoba, así que, a lo importante: leéos la "Vida de una geisha" de Mineko Iwasaki, que además está en versión de bolsillo y barata. Al contrario que Golden, Iwasaki no quiere que compréis el libro, sino que lo leáis. Y os aseguro que en cuanto a interés por trasfondos familiares, estudios artísticos, amistades, amores, peleas de gatas, puñaladas traperas y amores, el libro de Iwasaki supera al de Golden por goleada. Vale, no está escrito en plan tan climático: después de todo la moza se dedica a cosechar un éxito tras otro como el que coge espárragos tras la lluvia (¿veis como no queda japonés? XD). Pero de base, de las cosas que le pasan, es una muestra perfecta de que la realidad supera a la ficción.

Ah, y no os perdáis las anécdotas del trabajo. La de los kimonos, la de los saudíes, la del director de cine americano... Y las dos de la familia real inglesa, que no tienen desperdicio. Y otra cosa: ¿sabéis el mito de la japonesa sumisa, manejable, víctima? Hale, pues ya podéis olvidarlo. No volveré a sentirme mal por las japonesas nunca más. Está visto que son perfectamente capaces de conjugar su estatus en la sociedad con hacer lo que les salga de las narices, y encima ser tercas y exigentes. Si es que el libro es flipante.

Hale, a por el "Vida de una geisha", de Mineko Iwasaki, que está a cinco euros en el Hipercor. No os arrepentiréis, y si os arrepentís os recompro el libro y se lo regalo a alguien (pero comprad el barato, ¿eh?).

Un saludete a todos. Sofi, ya mismo te contesto a ese mail. Yato, ya ves que también me ha gustado el libro :)