May 6th, 2006

Las entradas que nunca me han gustado.

Nunca me han gustado los blogs de los quejicas que no hacen más que escribir "¡buáaa! ¡tuve un mal día". Con lo que debo aprender a no ver la paja en el ojo ajeno, porque lo que viene ahora es un "¡Buáaa! ¡He tenido una semana horrible!"

Más bien asquerosa.

No sé si alguno habrá leído mi última entrada. La que hablaba de que se me había chafado el coche en carretera, y la grúa había tenido que recogerlo para llevarlo al taller. La verdad es que la semana y dos días que estuve sin coche estuve muy fastidiada. Mi novio me tenía que llevar al trabajo, para lo que los dos nos teníamos que levantar a las cinco y media de la mañana. Después, una compañera me dejaba en Córdoba, y de allí mi novio me recogía, o yo cogía el autobús a mi pueblo (Aldea Quintana).

En fin, que fue una semana durilla. Sobre todo porque también había que pensar en el gasto. Me dejé 677 euros en la reparación, lo que es 100 euros menos del sueldo del mes. Mi novio me dijo que tendríamos que ahorrar: hasta que tengamos la hipoteca, que unirá todas nuestras letras en una, tendremos dos meses en los que vendrán facturas muy gordas. Y la reparación del coche nos había chafado todo el presupuesto de los siguientes dos meses.

Total, que el martes pasado por la tarde, cuando recogí el coche del taller, estaba muy contenta. Por fin volvería a tener independencia y mi coche para moverme. Había pagado una pasta, pero bueno, no es algo que pase todos los meses.

Al día siguiente (miércoles) me pude levantar a mi hora (las siete de la mañana), y viendo que llovía, puse mi almuerzo, mi té y mi paraguas en la mochila, y me dispuse a hacer el camino al trabajo. No me puse el abrigo porque, total todo iba a ser del coche al trabajo y del coche a casa. Y salí para la autovía.

Quince minutos después, estaba llorando en el arcén, protegida por el frío sólo con el chaleco reflectante reglamentario, viendo cómo los guardias civiles distribuían los conos del suelo y dirigían el tráfico, para evitar que lo que quedaba de mi coche, estrellado contra la mediana, provocara otro accidente.

Sé que uno debe dar gracias a su ángel de la guardia porque en un resbalón como el que me pegué, podría haber muerto o haber salido herida. Y salí sin un arañazo (ir despacio ayudó lo suyo). Pero eso no cambiaba el frustrante hecho de que acababa de pagar una reparación, el retrovisor nuevo, y le acababa de echar 45 euros de gasolina porque en el taller me lo habían dejado seco. Lloraba de la angustia, de la frustración, y de pensar que le había metido al coche más de setecientos euros justo antes de dejarlo como un acordeón. Cobro unos 840, así que imagináos la broma.

Aún ahora no estoy segura de lo que pasó. Estaba en un tramo recto rectísimo de la autovía, y tenía un camión delante que me tiraba agua al parabrisas: no veía nada, así que lo adelanté. Adelanté bien, y cuando vi en mi retrovisor las luces del camión, volví al carril derecho. El coche no se enderezó del todo, tiraba para la derecha, así que, para enderezarlo en el carril, giré el volante hacia la izquierda. Y entonces el coche resbaló a velocidad de vertigo hacia la izquierda, y sólo se paró al chocar contra la mediana. Todo esto en segundos, claro.

En su momento yo sólo sentí que intentaba enderezar el coche y que, en lugar de conseguirlo, me iba irremediablemente hacia la mediana. No sé si os lo he contado, pero una vez, hace años, una amiga tuvo un accidente de tráfico cuando yo iba en el asiento del copiloto. Ella iba a 60 por hora, y aun así, el coche hizo un trompo, dio un giro de 180 grados y acabó siniestro total. Yo di un bote increíble en el asiento, y sólo me golpeé la cabeza contra el cristal gracias al cinturón. Sufrí un latigazo cervical. Eso fue hace años y a 60 por hora. Ese accidente me impactó en su momento, y siempre recordé el derrapazo que había pegado el coche a tan poca velocidad. Por eso, en el accidente del pasado miércoles, en que yo iba a 80, en el segundo o menos en que perdí el control del coche y vi acercarse la barrera bihonda, pensé que me mataba. En serio creí que moriría del golpe.

Bueno, el que inventó el cinturón de seguridad ajustable es amigo mío :) Salí sin un arañazo, ni chichón, ni golpe alguno del coche. Ni siquiera el latigazo cervical, que es lo más típico del choque más tonto. La cruz roja certificó después que estaba bien (tocad madera, que a veces surgen las complicaciones después).

Y como las personas nunca nos conformamos, lo primero que hice tras ponerme el reflectante, fue amargarme por el dineral que se iba en el coche. Soy repugnante: me podia haber matado, y en cuanto que me di cuenta de que estaba bien, calculé los 5.500 euros de pérdida, y me eché las manos a la cabeza.

Y no debería. Porque, por ejemplo, tres desconocidos (a falta de uno, fueron tres) pararon sus coches para ayudarme, ellos pusieron los triángulos, uno de ellos llamó a la Guardia Civil para que vigilara la zona y no hubiera más accidentes. Debería estar contenta de que se confirme mi teoría de que hay muchísima gente buena en el mundo: no hacía falta que tanta gente se parara, y no tenían que hacerlo.

Los compañeros y jefes en el trabajo, igual: todos han sido amables, todos están dispuestos a llevarme y traerme a Córdoba (a mi pueblo no porque les pilla fuera de camino, pero ya es un pedazo de favor el llevarme y traerme de Córdoba). El señor encargado del mantenimiento de autovías, que me preguntó y me tomó declaración e hizo el croquis, me invitó a un café (una primera grúa que había pasado por allí había sacado mi coche de la circulación, para evitar más problemas, y lo dejó en una gasolinera en espera de la segunda grúa, y en el bar de la gasolinera me invitó este señor). Bueno, me quiso invitar a un café, pero yo pedí una tila, y el camarero me puso dos bolsitas en el vaso :) Pues este señor de mantenimiento me dijo que el día antes había sacado a una persona de veinticuatro añitos en una bolsa de plástico. Y que yo podía darme por afortunada.

La única mala experiencia (aparte del choque, claro) del día, la única mala experiencia con seres humanos, fue la de la pareja de la Guardia Civil. Cuando el tipo me dijo que me ponía un "Boletín de denuncia", yo abrí los ojos como platos. Al principio sólo entendí "denuncia", y le pedí que me explicara qué rayos era aquello. Resulta que me han denunciado por imprudente, porque como yo iba a la atroz velocidad de 80 por hora, que dejé atrás a Fernando Alonso en la cuesta del Espino, pues no he moderado mi velocidad a las condiciones de la vía. Claro, no le iba a discutir al Guardia Civil, a pesar de que llegó al lugar del siniestro cinco o diez minutos después del golpe y, por lo tanto, no puede tener ni idea de a qué velocidad iba yo (y no iba rápido, si hubiera ido rápido, ¿cómo se come que salí intacta del coche?). Pero no se discute con las fuerzas del orden: se les dice que sí amablemente a todo, y se piensa en cómo se va a recurrir lo que te hayan puesto. Yo recordé que mi madre es socia de la asociación de automovilistas RACE, y que a ella le recurren las multas y siempre se las han cancelado (claro que mi madre es muy prudente y tiene una multa al año, y sólo si tropieza con un policía de mala leche: es fácil que se las anulen). Así que, amargada por el trastazo, y asustada un poco por la denuncia, (estaba recién accidentada y pensando en el dineral que había perdido), me dije que lo mejor era no discutir al Guardia Civil, sino contárselo a mi madre y pedirle que me recurrieran aquello.

La verdad es que la denuncia de marras terminó de amargarme la mañana. No estuvo mal, para no haber dado ni las nueve :( Le pregunté al chico de la grúa que llegó después (la que me recogió el coche), qué le parecía lo del boletín de denuncia. Me dijo que le parecía "muy fuerte", y que eso siempre podía recurrirlo. Mi madre ya ha hablado con los del RACE, y parece que la recurrirán. Pero sigo pensando que el Civil tuvo mucha mala leche, porque denunciar a alguien por "no moderar la velocidad a las circunstancias de la via" cuando se va a ochenta, me parece excesivo: máxime cuando no estaban para verme ir a ochenta. Ni siquiera me pidió que le firmara el boletín: me pregunto si al no tener firma, se podrá alegar defecto de forma. En fin...

Bueno, volvamos al miércoles. Coche recién salido del taller y lleno de gasolina: estrellado vilmente. La grúa lo dejó en la base de Córdoba, y yo me fui a la Cruz Roja para que me chequearan. Desde allí hice lo que más temía: darle el disgustazo a mi novio, que evidentemente, se angustió horrores. Yo le avisé porque a mi novio le gusta llegar a casa y ponerse contento, y pensé que sería mejor avisarle para que fuera asimilando la noticia. Así, no se llevaría el palo gordo al llegar a casa.

Pero no me esperaba que dejara el trabajo para venir a recogerme. Menos mal, porque seguía lloviendo, hacía un poco de frío, y yo sólo tenía mi paraguas y mi chaleco reflectante.

Efectivamente, mi novio se llevó un disgustazo tremendo. El coche estaba para el desguace, justo tras salir del taller... y cuando le dije lo de la denuncia ya terminó de alterarse. Les dijimos a los de las grúas que llevaran el coche a un servicio técnico de Opel de un pueblo cercano, y volvimos a casa, a dormir.

Un detalle curioso de después es que, por la tarde, llamé al taller de Opel y no estaba allí el coche. Así que llamé a la empresa de las grúas, donde me dijeron: "Señorita, no hemos podido llevar su coche porque con esta lluvia llevamos todo el día sacando coches de la autovía. Han sido sesenta y tres en todo el día, diecisiete en el mismo tramo del que la sacamos a usted".

"Mal de muchos, consuelo de tontos". Es malo alegrarse por el mal ajeno. Pero yo no me alegro porque a toda esa gente se le haya estropeado el coche. Es sólo que me siento aliviada al ver que no soy una tarada total: parece ser que la lluvia hace resbalar a todo el mundo por igual :(

Hay una frase andaluza que para definir algo que es inesperado y viene muy bien, dice "venido como agua de Mayo". Personalmente, le acabo de coger horrible inquina al agua de mayo. Con razón se dice que "nunca llueve a gusto de todos". Y es que la sabiduría popular es muy profunda.

En fin... Estoy un poco alicaída. El hecho de estar bien y sana, y que todo el mundo me diga la suerte que he tenido de salir perfectamente (se supone, esperemos un mes) del coche, no cambia el otro hecho impepinable de que he perdido 5.500 euros. Y no deja de ser una putada como una casa, máxime porque ahora mi novio me tiene que dejar (otra vez) por las mañanas en Córdoba para que yo vaya a Pedro Abad (el pueblo donde trabajo) en autobús. Y luego, a la vuelta, algún compañero me deja en Córdoba y desde allí cojo el autobús a mi pueblo.

Sólo que el único que meviene bien sale a las nueve de la noche. Lo que amplía sobremanera mi jornada laboral de lunes a jueves.

En fin... visto desde atrás, creo que ahora entiendo lo que ocurrió en el accidente. Cuando terminé de adelantar y el coche se escoró hacia la derecha, estaba resbalando. Sólo que no me di cuenta porque no conocía esa sensación. Yo aún conduzco muy mal por ser novata, y giro un poco bruscamente. Claro, con el firme seco, sólo hago un movimiento brusco, pero al estar mojado, y con primeras aguas, el giro que hice hacia la izquierda, en lugar de enderezar el coche en el carril derecho, me estrelló contra la mediana. Ha sido por mi falta de habilidad al volante, porque no conduzco bien (no por ir rápido, Civilo). Pero ha sido un fallo muy caro, que nos ha destrozado el presupuesto para meses.

Otro problema... Es mi novio. A mí me gusta bastante la comida japonesa, y por más que lo intento, nunca consigo hacer un sushi como en el Sakura, mi restraurante chino-japonés preferido de Córdoba. De vez en cuando me gusta ir al Sakura a comer sushi. Pero desde que estamos en casa, a mi novio no le gusta salir. Dice que cuando llega a casa, ya no quiere volver a coger el coche. Eso es comprensible, y lo que hacíamos era quedar en un día para ir a comer fuera.

Claro, el mes de abril nada, porque como tuve la avería en el coche y mi sueldo se iba a ir en el arreglo, había que ahorrar. Y el caso es que ahora, le he pedido que vayamos algún día, y no me ha gustado su respuesta. Ha sido un poco brusca de voz, y de forma ha dicho algo así como que no nos podemos permitir lujos si me dedico a estrellar coches, como si yo fuera por la autovía teniendo accidentes a posta. Así que me he molestado y le he dicho: "Vale, seis mil euros de coche, a seiscientos al mes, ¿podemos comer fuera dentro de diez meses?" Sé que es un dineral lo que he perdido, pero lo que no quiero es amargarme ni amargar mi vida por culpa de ello. Jo, me apetece volver a por sushi desde hace un mes, y ahora vuelva usted a mencionar gastos extras. Antes podría haber ido sola con mi coche, pero ahora ni eso. Menos mal que me ha pedido disculpas enseguida. Entiendo que esté muy molesto y puteado por lo que ha ocurrido, pero si perder dinero te va a quitar la sonrisa y las ganas de vivir para siempre, mejor te suicidas o te metes a monje.

En fin, a ver si mañana llamo a unos amigos nuestros y vamos a ver los Patios de Córdoba. Es una fiesta tradicional en la que los patios del centro de la ciudad son abiertos de par en par por los vecinos para que la gente los vea cuando están floridos, en primavera. Como son en mayo, cuando estudiaba nunca podía verlos, porque siempre pillaban justo antes de los exámenes. Pero ahora me apetece un montón. A ver si salimos y después nos vamos a cenar por ahí.

¿Demasiado contenta o tranquila para lo que acaba de ocurrir? Quizá. A algunos les extraña. Pero no sé, una está que ve la muerte venir en forma de barrera de morros contra el parabrisas de su coche, y de repente lo que quiere es ser feliz. No hacer cábalas sobre cómo ganar 6.000 euros...

Bueno, ya sabéis: a vivir tranquila y felizmente, que el día menos pensado la vida te da un palo, y todos los problemas de ayer ya no parecen nada. Muchas veces nos agobiamos por problemas que en verdad son insignificantes. El agobio que teníamos mi novio y yo por el gasto extra de 677 euros en el arreglo del coche, y lo estúpido y nimio que parece ahora. Hay que ver las cosas en perspectiva. Sí, siempre se puede ir a mejor y hay que luchar por ir a mejor. Pero también se puede estar peor y hay que ser agradecido por lo que tienes, y aprovechar para ser feliz con ello. Porque igual mañana tienes menos todavía, y sólo entonces te das cuenta de lo mucho que valía lo que tenías ayer.

Os quiero un montón a todos. En serio. :) Y lo digo antes de que me pase algo de verdad. Que estas cosas se dicen poco, y luego te arrepientes :D


PD: El del taller le ha dicho a mi novio que no sabe qué demonios he hecho para dejar el coche así. El motor está con los tornillos saltados, pero es que el eje delantero está roto, ¡y el trasero también! Ya me llamó la atención tras el accidente el ver que las ruedas estaban destrozadas: como si las hubieran roto a navajazos, con auténticas rajas, y tanto las delanteras como las traseras. Dicen que puede ser del frenazo brusco que pegué. Yo no recuerdo haber frenado, pero si el instinto de supervivencia se impuso, igual lo hice. Parece que tengo un ángel de la guarda, porque lo normal es que el coche se lleve un cierto daño, y la persona otro tanto. Pero en este caso, el coche ha pillado el 200% del daño, y el humanito el 0%. Lo que dice mucho de la seguridad de los Opel Corsa :)

¿Será una señal del destino, lo de los dos problemas del coche en dos semanas? Pero no sé qué querra decir. ¿Que deje mi actual trabajo? ¿Que no conduzca porque soy un peligro? El Destino me podía mandar un telegrama, ¿no?

Besos,


Natsu