August 3rd, 2006

Mujer de la calle.

Siento no haber dado noticias últimamente, es que he tenido que volver a trabajar. He estado trabajando de mujer de la calle, y ha sido más duro de lo que me imaginaba, física y psicológicamente. He sudado horrores. El sudor era de lo peor, dejaba todo el cuerpo pegajoso y el pelo hecho un estropajo. Al llegar a casa estaba destrozada, sólo quería ducharme y dormir. Y es que trabajar con tu cuerpo es muy duro. Encima, muchos clientes eran normales, algunos incluso amables, pero había cada burro grosero y desagradable, incluso agresivo... Me alegro de haber salido de aquello.

Porque me fastidia mucho la gente que se queja y luego no pone el número de la calle en la carta. ¡Señora, arregle su dirección, ¿cómo quiere que yo sepa dónde rayos vive usted, si acabo de llegar?! ¡Que estoy repartiendo de diez a dos del mediodía, en la segunda quincena de julio con el carrito lleno, ¡¡al menos ponga el número en la puerta!!! Que es que algunas cartas iban a "Calle Ancha, sin número", pero otras iban a "Aldea Quintana sin número". ¡Sin ponerme siquiera la CALLE del pueblo pretenden que les llegue la carta! Eso lo puede hacer el cartero de toda la vida, pero una servidora no conoce a nadie, ni los conocerá en dos semanas. Y yo soy cartera, no un GPS orgánico ni el Hispasat. Pues algunos todavía me abroncaban, oye. Y es que la gente que trabaja en la calle está muy desprotegida.