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Las tres formas de espiritualidad.

Algunas personas viven la vida dejándose llevar. Quizá por miedo a la muerte, o al fracaso, o a lo que sea. Otras, deciden en algún punto de sus vidas, que el hecho de su existencia es maravilloso y único, que no han venido al mundo solamente a comer, dormir y follar, que la vida de cada persona es más preciosa y valiosa que cualquier cosa existente en el universo, y que tiene un sentido.

La espiritualidad no es más que el conocimiento, enseñado, admitido o escogido, de que la vida no es sólo “nacimiento, cópula, muerte”, sino que es importante y fascinante, y que si no tiene un sentido y unos objetivos, hay que buscarlos. Esta forma de espiritualidad lleva a un comportamiento ético (o debería). Si yo creo que todo el mundo tiene algo que aportar, cada uno que se muere, o se queda sin estudios, me está haciendo perder su potencial.

Hay tres formas principales de espiritualidad: el ateísmo, el agnosticismo y la fe. A las personas que profesan, más o menos abiertamente, cada una de ellas, se las llama o se llaman, ateos, agnósticos y creyentes, respectivamente. Son posturas bastante definidas, aunque a veces pueden estar un poco mezcladas. El por qué pongo el ateísmo como forma de espiritualidad puede que choque a algunos. Pero repito, que para mí la espiritualidad no es la creencia en espíritus, dioses o vida después de la muerte: yo defino la espiritualidad como la capacidad de dar un sentido y unos objetivos a tu vida, independientemente de que creas o no en una continuidad de tu existencia más allá de este plano físico.

Vamos a definir la forma de espiritualidad más conocida: la fe. Los creyentes se caracterizan porque creen en seres, entes, planos de existencia extrafísicos y extraterrenales. Los creyentes pueden ser monoteístas o politeístas, y las opciones son muchas y variadas. Sea como fuere, los creyentes creen que hay una continuidad de la existencia más allá de la muerte, lo que afecta, para bien o para mal, a su visión del mundo y su comportamiento.

Luego están los agnósticos. El agnóstico es un fenómeno bastante nuevo: cuando no se conocía la teoría de la evolución y las leyes de la física, casi todo el mundo era creyente, porque la única explicación que había para la existencia de todo era la explicación que daba la religión de turno, ya fuera en el Génesis o en la cópula de Cronos y Gea para los antiguos griegos. Cuando lo normal era ser creyente, un ateo NO era el que no creía en nada... sino el que no hacía caso de los dioses. Cuando leáis, por ejemplo, que en una saga vikinga mencionen a Sven el Ateo, sabed que Sven creía en los dioses: no tenía otra explicación para la existencia del mundo. Lo que ocurría es que Sven negaba la influencia de los dioses en su vida. El ateo, antes de que se conociera la teoría del Big Bang, no era el que no creía, sino el que pasaba olímpicamente (nunca mejor dicho) de los dioses... y la mayor parte de las veces, creyendo en ellos (salvo escasísimas excepciones, casi todas entre los filósofos de la Edad de Oro ateniense, que de tanto darle al caletre alguno sí llegó a ser ateo como lo conocemos hoy en día, pero era algo muy raro).

Pero estaba yo hablando de los agnósticos. Decía que los agnósticos son muy nuevos, y vienen de cuando la ciencia empezó a dar explicaciones convincentes al respecto de los temas que siempre habían explicado las religiones. Evidentemente, antes de que las ciencias dieran dichas explicaciones, agnósticos no había, por eso digo que son un fenómeno muy nuevo -sin embargo, ateos ha habido desde antiguo- . Los agnósticos empezaron a surgir como setas a partir de la publicación de El Origen de las Especies de Darwin. El agnóstico es el que dice directamente que “no sabe”. Como no tiene pruebas, no cree. Como no puede probar que no existen dioses o espíritus (nunca se puede probar una negación), tampoco afirma la no-existencia de tales elementos. Yo soy agnóstica porque, para mí, el agnosticismo es la espiritualidad de las puertas abiertas. Lo que no quiere decir que el agnosticismo sea la mejor forma de espiritualidad: la aproximación a la espiritualidad es tan individual como las braguitas. Los ateos posiblemente piensen que la suya es DE VERDAD la espiritualidad de las puertas abiertas, y los creyentes lo mismo de lo mismo. Lo cierto es que a este respecto, cada uno puede tener razón.

Como he dicho antes, cada cual suele sentir su forma de aproximación espiritual como la mejor de las disponibles. ¿Hay de verdad alguna de ellas que sea mejor que las otras? La respuesta es, directa y categóricamente, NO. Esto que os quede bien claro, ninguna, NINGUNA forma de espiritualidad es mejor que las otras. Ninguna hay que sólo haya dado buenas personas y genios, y ninguna hay que sólo haya dado malas personas e idiotas. Y para que la cosa quede clarita y demostrada, sus voy a poner ejemplos de los tres tipos:

Creyentes:

Entre los creyentes tenemos bastardos y cabronazos variados, como Tomás de Torquemada, o el papa Borgia. Bin Laden es uno moderno que también es muy propio... Y George W. Bush (el hijo), según dice, es cristiano (me dirás de qué, pero bueno, él lo dice y parece creérselo, yo siempre pensé que firmar sentencias de muerte e invadir países va bastante en contra de todo lo que dijo el Nazareno, pero puestos a autojustificarse, todos encuentran el cómo, está claro).

Otros creyentes han sido Mohandas Gandhi, también conocido como Mahatma (adjetivo honorífico que significa, literalmente, “alma grande”); el padre Casaldáliga, Arzobispo del Matto Grosso, o Nelson Mandela. Pero no hace falta buscar gente tan sacrificada. Entre los creyentes están los premios nobel musulmanes Abdus Salam, (física), y Ahmed Zewail, (1999, química), Mohamed Yunus* (2006 paz); y los cristianos Joseph Hooton Taylor, Jr., y William Daniel Phillips, 1993 y 1997, física). También los hay de química y medicina, y también los hay hindúes, judíos, etc. No os pongo la lista completa, porque lo que quiero es que os hagáis una idea de que hay de todo en todos lados, y os pongo premios nobel “modernos”, porque quiero que veáis que esto no afecta sólo a Kepler y Averroes, sino que incluso en el siglo XXI se pueden estar midiendo quarks y ser creyente: la ciencia y la espiritualidad son cosas totalmente distintas que, siempre que no se mezclen (creacionistas, fuera de la clase de biología, ¡YA!) no tienen por qué darse de patadas.



Agnósticos:

Pues entre los bastardos tenemos a uno muy poco conocido como tal: Adolf Hitler. No era creyente, pero sí estaba fascinado con el ocultismo, lo paranormal y los posibles poderes místicos o mágicos (la película En Busca del Arca perdida menciona este pequeño detalle, aunque de pasada). O sea, que no era ateo: si no eres creyente pero aceptas la posibilidad de la existencia de poderes paranormales, eres descaradamente agnóstico. Así que, como ejemplo del bastardo, ya nos va bien.

Los agnósticos famosos por el lado bueno son menos conocidos. No suele haber madres Teresas ni Carlos Marxes entre los agnósticos. Pero tenemos a Warren Buffett (segundo hombre de negocios más rico del mundo tras Bill Gates –hasta que el de Ikea se puso por delante, ahora parece que es el tercero-, famoso por hacerse rico honradamente sin estafar a nadie, sólo poniendo cuidado con sus inversiones). También están científicos, desde Protágoras a Carl Sagan, pasando por filósofos como Karl Popper, naturalistas como David Attenborough, premios nobel de economía como Milton Friedman, y creadores como Matt Groening (el de los Simpsons). Hay varios políticos, pero ya no sé si serán buenos o malos, así que mejor no los menciono (ja, ja, ja), vaya que salgan ranas. Por lo general, los agnósticos parecen incluir a bastantes científicos entre los mejores de sus filas: raras veces hay algo parecido a un santo o mártir que sea agnóstico, ya que es una mentalidad más de reconocer lo poquito que sabes. Por ejemplo, el premio nobel de medicina Francis Crick, se describió a sí mismo como agnóstico con “una fuerte inclinación al ateísmo”. Paul Nurse, otro premio nobel (medicina) afirmaba ser ateo, aunque especificó que ser “agnóstico escéptico” era un término más filosóficamente correcto. Esto es así porque, en lógica, no se puede probar una negación. No se puede demostrar que algo no existe (por eso no se podía demostrar que en Irak no había armas de destrucción masiva, :P), y por este motivo, muchos científicos dicen que la mejor postura científica es el agnosticismo. Pero claro, luego hay científicos creyentes y científicos ateos, porque al final, la elección de la forma de espiritualidad depende más de tu personalidad que de ninguna otra cosa.


Ateos:

A algunos ateos, que pueden llegar a ser tan fanáticos como los creyentes, les gusta pensar que los sólo los creyentes han dado al mundo fanáticos. Y por desgracia, puestos a producir cabrones y gilipollas, no hay ningún país, raza, zona, etnia, idioma, colectivo o forma de espiritualidad que se salve de tener alguno. Mala suerte, chicos, pero Stalin y Pol Pot entran en este saco. Esos dos ya se apañan solos de ejemplo, pero hay más. Un tal Jeff Skilling fue ejecutivo (CEO) de una empresa llamada ENRON. Este buen señor es ateo, de los que siguen teorías ateas tan majas como las de Richard Dawkins en “El gen egoísta”. Lo que quiere decir que su ateísmo era de “tó pa mí y el que venga detrás que arree, que lo único que importa en el mundo es el dinero” (más o menos lo mismo que el Papa Borgia, no nos engañemos). Pues dejó sin los ahorros para la pensión de toda su vida a miles de trabajadores. Por suerte lo pillaron, y algo se ha recuperado (no todo), pero valga como ejemplo.

Entre los majos, tenemos a muchos científicos: Richard Feynman y Alan Turing, por ejemplo. También humanistas como Sartre o filósofos como Ayn Rand. A Ayn Rand aquí la conocemos poco porque es MUY yanki, y porque los europeos piensan equivocadamente que es una copia de Nietzsche: en mi humilde opinión, su filosofía le da dos mil patadas a la de Nietzsche. Aunque ya digo que es mi opinión, Rand es mi filosófa atea preferida, y una de mis filósofas preferidas de cualquier forma de espiritualidad, destila un vitalismo, un amor por la lógica y por la justicia que, aunque un poco faltos de compasión, resultan fascinantes. Pero si Rand no os vale, cogemos de ejemplo a Nietzsche, que a él seguro que le conocéis. Walt Disney es otro ejemplo. La escritora italiana Oriana Fallaci no sólo era atea, sino que además estaba dispuesta a arriesgar su vida para defender la libertad, como probó luchando contra los fascistas en Italia cuando sólo tenía catorce años (ved que no hace falta ser creyente para jugarse el pellejo por algo que consideras más importante que tu propia vida). Karl Marx era ateo, y sembró la semilla del socialismo, y el principio de la lucha contra las desigualdades sociales (no, él no hizo las barbaridades que hizo Stalin, así que no le echéis la culpa. Marx no es el fascismo de la URSS, igual que Jesucristo no es la Inquisición, mucho ojo, que sin Marx, no habríamos tenido seguridad social ni jornada de ocho horas, aunque el sistema político fuese un abuso, las ideas base eran buenas). Cuando el legado de la URSS se estaba cayendo a cachos, fue otro ateo, Mihail Gorbachov, el que abrió los fascismo-comunismos al mundo, con su política de la perestroika (apertura). Entonces se acabó la guerra fría, (y empezó la globalización pestosa que tenemos, pero eso es aparte). Marie Curie y su hija Irene-Joliot Curie (son tres Nobeles entre las dos, ahí es nada), también ateas, y además de científicas eran excelentes personas. Richard Stallman, fundandor de la free software foundation e impulsor del software libre y del idealismo pragmático... En fin, que puestos a encontrarlos de los güenos güenos, también nos sale una lista larga, y entre ellos hay científicos a espuertas, pero todos no me caben.

Como veréis, independientemente de la forma de espiritualidad, en todos los grupos se pueden encontrar personas magníficas, y en todos se pueden encontrar elementos que no llegan ni a persona, y a los que llamas escoria y todavía estás insultando a la basura. Por más que muchos se emperren, en todos los grupos hay quien es una gloria para la humanidad, y quien hace desear al resto de personas que no hubieran nacido. Por lo tanto, cuando escogemos una forma de espiritualidad (y no se tiene que escoger para siempre, podemos cambiar de opinión), lo importante es que sepamos respetar las de los otros. Porque lo peligroso no es el camino que se escoja, sino el fanatismo con el que se practique. Fanático el católico Simón de Montfort que, al conquistar una ciudad rebelde, dijo “matadlos a todos y Dios separará en el cielo”. Pero no más fanático, ni más asesino que Stalin, responsable directo de un genocido por hambre en Ucrania, genocidio mediante el cual mató de inanición a siete millones de personas.

Así que... ¡que NO! ¡Que tu forma de pensar NO es mejor que la de los demás! A ver si dejamos de oir tontadas del estilo de: “los homosexuales son unos pervertidos que actúan contra natura**”, “los creyentes son idiotas” o “los agnósticos son los cobardes que no se atreven a ser ateos”. Lo que hayas escogido creer o dejar de creer no te va a hacer mejor persona, ni más libre, ni más listo, ni más guay del Paraguay.

Cuando una persona pone un valor a su existencia, como más allá de un simple hecho de la casualidad, es irrelevante el modo de hacerlo. La madre Teresa de Calcuta se pasó la vida cuidando enfermos. El Dr. Salk y su equipo descubrieron la vacuna de la polio. ¿Acaso tiene alguno derecho a decir que es mejor que el otro? Ambos tienen mérito, porque ambos dedicaron sus vidas a actos productivos y útiles para los demás. Ambos se dedicaron a cuidar enfermos. Ambos dieron sentido a sus vidas, independientemente de que haya algo más allá de este plano de existencia.


Para mí, en eso consiste la espiritualidad: en saber que tu vida tiene un sentido, y que si no lo has encontrado todavía, tienes que buscarlo y dárselo. Que no hemos venido sólo a dejarnos pasar como si no importáramos. Los ateos son, quizá, los que con más fiereza entienden esta verdad. El ateo como persona espiritual considera (o debería considerar) la vida inmensamente sagrada, precisamente porque se cierra la posibilidad de otras “segundas oportunidades”. Los creyentes*** valoran su vida, pero anteponen a ella cosas que consideran más importantes (no quiere decir que unos u otros tengan siempre razón). Y los agnósticos valoran su vida, pero tienen en cuenta las dos posibilidades, así que por lo general buscan conocimiento, (a ver si nos enteramos de algo XD).

Sea como fuere, cualquiera que sea tu elección a este respecto, lo importante es que dicha elección sea libre, meditada, y una ayuda en tu vida. Que luego seas mejor o peor persona es cosa tuya, no de tus creencias :D.




* No me extraña que el Sr. Yunus sea creyente, puesto que él es Dios XD.
** Mentira, la homosexualidad existe entre muchos tipos de mamíferos, incluso cuando están en libertad: un 10% de las cabras, otro buen tanto por ciento de los chimpancés, etc. Lo siento, pero es biológica y perfectamente natural. Minoritaria, pero dentro de la naturaleza, no en contra de ella.
*** Más adelante haré una entrada sobre la diferencia entre espiritualidad y religión, que no tienen nada que ver.



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P.D: No tengo más fotos, lo siento. Cuando el fotógrafo me las dé, las colgaré. Y perdón por el tocho, pero es que me apetecía escribir sobre esto :)
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